La acuicultura venezolana atraviesa un momento crítico tras la caída de casi un 48 % en la producción de camarón blanco durante el año pasado, según informó el presidente de la Sociedad Venezolana de Acuicultura (SVA), Eduardo Castillo Bracho. De acuerdo con reportes extraoficiales, las exportaciones se redujeron de unas 60 mil toneladas a alrededor de 32 mil o 34 mil toneladas, lo que representa un fuerte retroceso para uno de los rubros más dinámicos del sector agroalimentario en los últimos años.
Castillo explicó que la disminución responde a “factores exógenos” que afectaron la actividad, sin detallar en profundidad cuáles, aunque se presume que incluyen condiciones climáticas adversas, restricciones logísticas y limitaciones en el acceso a insumos. “Venimos de un año complicado”, señaló, al tiempo que manifestó su expectativa de que la producción pueda reactivarse en el corto plazo.
El dirigente gremial también reveló que han propuesto la creación de una ley exclusiva para la acuicultura, con el objetivo de estimular la inversión y el desarrollo del sector. Según explicó, la legislación vigente limita el crecimiento de la actividad, ya que no contempla mecanismos claros para otorgar concesiones a largo plazo en espacios acuáticos abiertos. “Desarrollamos actividades en espacios acuáticos abiertos donde no hay una legalización que permita entregar concesiones a largo plazo para poder sustentar una inversión como esta que se recupera en 10 o 15 años”, puntualizó.
La propuesta busca reducir trámites y recaudos, así como ofrecer seguridad jurídica a los inversionistas. Para Castillo, una normativa específica permitiría “alinear” al sector, favorecer la inversión privada y garantizar la sostenibilidad de la acuicultura en Venezuela.
La caída en la producción de camarón blanco tiene repercusiones directas en la economía nacional. El rubro se había consolidado como uno de los principales productos de exportación no petroleros, generando divisas y empleo en regiones costeras. La reducción de casi la mitad en las exportaciones implica menos ingresos para el país y afecta la competitividad internacional frente a otros productores como Ecuador, Honduras y Nicaragua, que han logrado mantener o incrementar sus volúmenes en los últimos años.
Históricamente, la acuicultura venezolana ha mostrado un potencial significativo. En la última década, el camarón blanco se convirtió en un producto estrella, con mercados en Europa y Asia que valoran su calidad. Sin embargo, la falta de un marco regulatorio robusto y las dificultades para acceder a financiamiento han limitado su expansión. La propuesta de una ley exclusiva para el sector busca precisamente corregir esas debilidades y sentar las bases para un crecimiento sostenido.
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Expertos señalan que la acuicultura requiere inversiones de largo plazo, infraestructura adecuada y políticas públicas que garanticen estabilidad. La recuperación de la producción dependerá de la capacidad del país para atraer capital, modernizar instalaciones y asegurar condiciones ambientales favorables. En este sentido, la creación de una legislación específica podría ser un paso decisivo para recuperar la confianza de los inversionistas y reposicionar a Venezuela en el mercado internacional.
Castillo insistió en que el gremio mantiene expectativas de recuperación si se logra avanzar en la modernización del marco regulatorio y en la atracción de inversiones. “Necesitamos una legislación que nos permita crecer y competir. El potencial está, pero hace falta voluntad política y reglas claras”, afirmó.
La situación del camarón blanco refleja los retos más amplios de la acuicultura nacional, marcada por la necesidad de diversificar la economía venezolana y reducir la dependencia del petróleo. Para los productores, el desafío es doble: superar las dificultades actuales y aprovechar las oportunidades que ofrece un mercado global en expansión.
Redinfodigital / Red de Información Digital
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